miércoles, 3 de junio de 2015

LA ATLÁNTIDA ERA ESTO



Llegamos al final de esta maravillosa singladura, muchachos, y lo hacemos, creo, de un modo más que coherente con lo que han sido estos nueve meses, con una muestra más de vuestra creatividad, imaginación, pasión y descaro. El autor de la magnífica pieza que aquí os traigo no es otro que nuestro “pies ligeros” favorito, acérrimo defensor de los actos de Lord Elgin, apasionado de Lovecraft y capaz -habilidad homérica donde las haya- de tomar apuntes con la mina de un compás.
Hablamos, por supuesto, de nuestro amigo Jake Lightfoot, quien ha nacido para estudiar Cultura Clásica, como lo habéis hecho también todos los demás: Jorge, que lleva el drama en la sangre, y durante estos meses ha sido capaz de ponerse en la piel de un cíclope gangoso, Guillermo de Baskerville y el tebano Edipo; María, nuestra impuntual dama, nuestra Yocasta, siempre dispuesta a proponer temas para el debate en el improbable caso de que decayera la conversación (la gallina o el huevo, las prácticas eugenésicas, la necesidad de ser puristas...); Aitor, que abandonó su pertinaz silencio para revelarse como un magnífico actor y un perspicaz comentarista filosófico y sonreír indulgente con todas nuestras locuras; y, por supuesto, Gorka, nuestro enlace con el mundo, siempre despierto y atento.
Sois un quintento magnífico, el mejor de los posibles y esta nostálgica profesora de Cultura Clásica ya os está echando de menos. ¡No cambiéis nunca! Si acaso, quizá, tan solo, trabajad un poco más...
Y ahora... que hablen los dioses... ¡Bravo, Jake!
                                              
Nota bene: la pieza que sigue a continuación es la respuesta de un estudiante de 15 años a la siguiente pregunta de examen:
“La Atlántida: fuentes fundamentales para el conocimiento del mito, descripción, teorías sobre su ubicación

¡La Atlántida! ¡Oh, gran ciudad! ¿Por qué, oh, por qué acabasteis, Atlantes, por cometer hybris?

Corifeo: La gran ciudad, tan avanzada, descrita en los comentarios de Platón.
Zeus: Tan grandes se creyeron que acabaron obligándonos a nosotros, los dioses, a causar un maremoto con secuelas como la inundación de la isla de Creta, ¡a causar un genocidio!
Corifeo: Tan utópica era esta isla en tres círculos dividida y con un templo dedicado a Poseidón...
Hermes: Ea, padre, ¿acaso no oíste los rumores? Se cree que algunos atlantes sobrevivieron.
Zeus: No te alteres, hijo mío, no durarán mucho.
Hermes: Eso no es todo, ¡oh Zeus! Algunos mortales intentan averiguar dónde estaba tan gran ciudad.

Coro: Pobres los mortales que intentan racionalizar el mito. ¿No saben, acaso, aceptar la magia de esta ciudad, acompañada siempre del epíteto “perdida”?

Corifeo: Investigan, sobre todo, la isla de Creta, confundiendo la civilización minoica con la atlante.
Hermes: Y eso no es todo, pues algunos creen que está en Doñana.
Zeus: ¡Doñana! ¿En España? ¿Cómo pueden confundir Tartessos con la Atlántida?

Coro: ¿No dejarán estar el mito? ¿No podrán simplemente creer en Narnia?

Zeus: Dejadlos, pues son ellos los que pierden sus recursos en hallar una ciudad que yo, con mis hermanos, destruí.

sábado, 23 de mayo de 2015

AGAMENÓN (ESQUILO): HOME SWEET HOME, SOMETIMES...



Hablábamos hace unos meses sobre cómo el cine había maltratado un tanto a los profesores de lenguas clásicas y, no sé muy bien cómo, me olvidé entonces de aducir como ejemplo a Andrew Crocker-Harris, que, encarnado por un siempre magnífico Albert Finney, protagoniza la tan inglesa como interesante La versión Browning. En ella un Crocker-Harris no demasiado empático -no en vano es apodado el Himmler del 5º curso- pugna por transmitir el gusto por los clásicos a alumnos más interesados en el atractivo pragmático de las Ciencias -nuestro drama, ya lo veis, viene de bien atrás-. El joven Taplow, uno de sus estudiantes, le ofrece una última posibilidad de redención y consuelo.

En el clip que sigue a continuación, asistimos a una de las últimas clases -muy inspirada, por cierto- de nuestro severo profesor, versada en el Agamenón de Esquilo. Vuestra tarea en esta ocasión es tan sencilla como predecible, mis jóvenes amigos, pues no es otra que averiguar quién fue Esquilo, cuáles son los hechos narrados en su obra Agamenón, así como citar los títulos de las obras que completan la trilogía de la que forma parte, la Orestía, un ejemplo perfecto de cómo el regreso (νόστος) es, en ocasiones, más que difícil. ¡Ay! 

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sábado, 16 de mayo de 2015

EN LA RECTA FINAL, ¡UNA DE TEATRO GRIEGO!



Lenny y Miranda son un matrimonio neoyorquino con problemas de fertilidad. Decididos a ser padres, adoptan a un niño que, desde bien temprano, da evidentes muestras de genialidad. Consumido por la curiosidad, Lenny decide investigar la identidad de la madre biológica, que resulta ser una voluptuosa prostituta con menos luces todavía que las que componen el alumbrado menés. Tal es el punto de partida de la magnífica comedia que Woody Allen dirigió en 1995, Poderosa Afrodita, de la que ya se ocuparon Mr. Lightfoot y nuestra impuntual dama -je, je, je- hace unos meses.
Su singularidad radica, sin embargo, no en la trama, una comedia de enredo como otra cualquiera, sino en el hecho de que su director la presenta como una tragedia griega, aunque un tanto deformada, con su héroe excepcional abocado a la desgracia, su estructura de culpa / retribución y, sobre todo, un coro que interpretaba las partes cantadas de la obra y representaba a un personaje colectivo. Si bien en la comedia de Woody Allen el coro cumple una función paródica y es un mero instrumento humorístico, en la tragedia clásica ateniense -pues todos los grandes tragediógrafos fueron de Atenas- era un elemento fundamental, aunque con el tiempo fue perdiendo importancia y vinculación con la trama.
Aquí os dejo un ejemplo de intervención coral extraído de Poderosa Afrodita, con la predecible tarea de que resumáis en no más de 15 líneas la historia de Edipo, citéis en qué gran tragedia -y de qué autor- se desarrolla y expliquéis qué profesión es esa a la que se hace referencia.

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Buscad, buscad, muchachos, mas sed cautos, pues sucede en ocasiones que el conocimiento engendra tan solo dolor.

domingo, 26 de abril de 2015

DELIRANT ROMANI ISTI! (“ESTÁN LOCOS ESTOS ROMANOS”)



Decía Indro Montanelli en su entretenidísima Historia de Roma que, desde el momento en que en el 509 a. C. fue expulsado el último de los Tarquinios, “todo fue republicano en Roma”. Los romanos desarrollaron una especie de acerada inquina hacia el régimen monárquico (μόνος “uno solo”, ἀρχή “gobierno”) y consideraron la República (res “cosa”, publica) como el mejor de los sistemas posibles. Fue, de hecho, su aversión hacia la monarquía y el miedo de su retorno la que inspiró el asesinato de César, o así nos lo han querido hacer ver los historiadores de la época. Incluso cuando en el 27 a. C. Octavio Augusto se proclamó princeps y aglutinó de facto todos los poderes, mantuvo las formas republicanas.
Lo cierto es, sin embargo, que el principado de Augusto trajo consigo el silencio del Foro y el fin de las libertades que habían caracterizado a la República. Es más, Augusto fue el primero de una serie de emperadores, los de la dinastía Julio-Claudia, que, con la excepción, quizá, de Claudio, actuaron de manera despótica, caprichosa y cruel. Tenemos noticia de buena parte de sus excentricidades gracias a Suetonio, el historiador romano, que en sus Vidas de los doce Césares, concede mucho espacio al cotilleo y la anécdota escabrosa.
Nos habla, por ejemplo, de las prácticas pederastas de Tiberio, que se refería a los tiernos infantes de los que abusaba como “pececillos”.
De Calígula nos cuenta que alimentaba a los animales de los espectáculos circenses con criminales y que nombró cónsul a su caballo preferido, Incitatus.
Ni siquiera Claudio, emperador más prudente y erudito, y responsable de sonados triunfos en Britania, se libró de su maledicente pluma y aparece descrito como inválido, tartamudo, digno del desprecio de su familia y extravagante. Por cierto que su muerte, resultado de la ingesta de setas envenenadas en una maniobra orquestada por Agripina, es uno de los episodios más célebres de la Historia de Roma.
Llegamos así a Nerón, último de la dinastía, tan excéntrico como brutal, que el cine ha inmortalizado con la cara de Peter Ustinov en la película Quo vadis? Aquí os dejo un clip de la misma, en la que comparte plano con Petronio, enigmático autor del Satiricón, sobre el que os hablaré, quizá, en otra ocasión. Atended, por favor, a su identificación -la de Nerón- con un dios olímpico y a su alusión a los rumores que lo presentan como matricida y uxoricida. Con estos dos términos se relaciona vuestra tarea de hoy, que no es otra que descubrir su significado, su etimología -¡hablamos latín! ejem, ejem- y por qué fue acusado Nerón de tales abominaciones. Buscad, buscad y temblad, mis jóvenes amigos.


lunes, 20 de abril de 2015

Y, POR FIN, LA ATLÁNTIDA: EN BUSCA DE UN MUNDO PERDIDO



Atlantis Cable News es el revelador nombre que Aaron Sorkin, creador de la soberbia El Ala Oeste de la Casa Blanca, ha elegido para la agencia de noticias que produce un informativo singular. Su presentador es el muy republicano Will McAvoy pero, lejos de halagar y pregonar la política del Tea Party, McAvoy y su magnífico equipo ondean el estandarte de la independencia y se han propuesto defenderlo cueste lo que cueste. Hablamos, por supuesto, de The Newsroom, cuyas tres temporadas nos muestran a un idealizado equipo de periodistas, inteligentes, talentosos, imaginativos y con una ética a prueba de ordalía. Ved, si no me creéis, este clip del piloto de la serie y decidme que no es esperanzador: ¿un periodista -republicano, en este caso, pero diría lo mismo de cualquiera con otro signo político- crítico con verdades tradicionalmente aceptadas?

Por esto, el nombre de la agencia resulta de lo más significativo. Atlantis, la Atlántida, un nombre de resonancias míticas y legendarias para un equipo con un propósito titánico, si no imposible, en nuestros días. Aquí podéis ver otro clip, del penúltimo episodio de la serie, en esta ocasión, donde Jim y Maggie, dos miembros del equipo de Will, juegan con el nombre de la agencia y su significación.

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El caso es que la Atlántida fue mencionada por vez primera por Platón en sus diálogos Critias y Timeo, donde aparece como una isla, cuyo nombre procede de Atlas, situada a la altura del estrecho de Gibraltar, dotada de una impresionante riqueza vegetal, animal y mineral y sobre la que floreció una gran civilización. Su final se asocia, a su vez, con un gran seísmo, provocado por los dioses, que la habría sepultado bajo el mar y que algunos han identificado, por cierto, con el que puso fin a la civilización minoica y partió la isla de Tera (Santorini) por la mitad. ¿Quién sabe?
Muchos son los artistas, literatos y cineastas que a lo largo de los siglos se han inspirado en esta fábula y parte, solo parte, de vuestra tarea consiste, mis arrojados aventureros, en traer aquí un ejemplo de pervivencia del mito, ya proceda de las artes pictóricas, de la literatura, del cine, del cómic o, por supuesto, del mundo de los videojuegos. El resto es algo más fácil:
1. ¿Quién fue Atlas o Atlante? Consultad a nuestro viejo amigo Pierre Grimal.
2. ¿Quién fue Platón y qué doctrinas lo han hecho figurar como uno de los más grandes filósofos que en el mundo han sido?
Buscad, buscad, mis jóvenes amigos, y mantened los ojos abiertos, pues la Atlántida podría estar más cerca de lo que parece; quizá, como en el relato de Stephen King, en vuestros corazones.